El Atlético del Cholo: una forma de vivir el fútbol

El Atlético de Madrid del Cholo está nuevamente en una final de Copa del Rey. Han pasado 13 años desde la última vez, y después de dos semifinales consecutivas quedándose en la orilla, por fin el equipo de Diego Simeone vuelve a tener la oportunidad de pelear por el título. No es casualidad ni suerte. Es la consecuencia de un proceso, de una identidad y de una forma de competir que este Atlético ha construido durante más de una década.

Tras la eliminatoria, muchos se han apresurado a criticar el planteamiento del partido de vuelta. Se habla de que el Atlético salió a defender el resultado, como si eso fuera un pecado futbolístico. Pero la realidad es mucho más simple: con una ventaja de cuatro goles, prácticamente cualquier entrenador del mundo plantea un partido desde la protección del marcador. No se trata de miedo, se trata de inteligencia competitiva. Gestionar una ventaja también forma parte del fútbol.

Además, se ha olvidado algo fundamental en el análisis: la eliminatoria se explica, sobre todo, por el partido de ida. Aquel día el Atlético firmó un encuentro prácticamente perfecto. Fue un partido colectivo de altísimo nivel, donde todo el equipo compitió con intensidad y personalidad. En ese primer encuentro destacaron actuaciones brillantes como la de Ademola Lookman, decisivo en ataque, y la energía incansable de Giuliano Simeone, que contagió carácter y presión durante todo el partido. Aquella noche el Atlético fue un bloque compacto, solidario y contundente, construyendo la ventaja que después permitió afrontar la vuelta con inteligencia.

Y luego está el rival. El FC Barcelona no es un equipo cualquiera. Es uno de los ataques más talentosos de Europa, un equipo acostumbrado a dominar partidos y generar ocasiones constantemente. Aguantar durante noventa minutos el caudal ofensivo de un rival así exige concentración, orden táctico y una mentalidad competitiva enorme. El Atlético lo hizo. Sufrió, claro, pero competir también es saber sufrir cuando toca.

La final no solo representa una oportunidad colectiva. También tiene un componente especial en lo individual. El joven mediocampista Obed Vargas está a una sola victoria de conquistar su primer título con el club de sus amores. Para un futbolista que creció soñando con vestir esta camiseta, levantar un trofeo con el Atlético sería algo más que un logro deportivo: sería la confirmación de que los sueños también pueden cumplirse en el fútbol.

Después de años de intentos, de semifinales dolorosas y de eliminaciones duras, el Atlético vuelve a una final. Y lo hace fiel a su identidad, fiel a su manera de competir. Porque el Atlético del Cholo no entiende el fútbol de otra forma.